Cada alumno, a su ritmo

Dos colegios con las mismas materias, formación similar para los profesores, horarios equivalentes e idéntica edad para comenzar la educación Primaria. Sólo un factor los distingue: uno de los centros, privado, apuesta por la educación diferenciada. El otro, público, prefiere la coeducación o educación mixta. Con un objetivo común, educar, se plantean dos tipos de formación, con la misma esencia pero con metodología antagónica.

Los centros que prefieren separar las aulas lo tienen muy claro, su decisión nada tiene que ver con motivos políticos, religiosos o morales, sino con la certeza de que los niños y las niñas son iguales en derechos y oportunidades pero diferentes en la manera de aprender. Sus razones se amparan en diferentes estudios científicos que demuestran que los menores tienen una capacidad de aprendizaje diferente. En este sentido, María Calvo Charro, profesora titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III y autora del libro “Los niños con los niños, las niñas con las niñas”, considera que “la educación diferenciada trata de aprovechar las diferencias para conseguir una igualdad real. Las diferencias más importantes residen en el ritmo de maduración: ellas maduran con anterioridad y poseen antes destrezas verbales, son capaces de captar frases complejas…

Por ejemplo, una niña de seis años sabe leer como un niño de ocho. Su explicación reside en que el hemisferio izquierdo del cerebro femenino madura antes” y añade que “la inteligencia entre los dos sexos es la misma, lo que cambia es el ritmo de aprendizaje. Por este motivo, este modelo educativo trata de aprovechar esa pequeña ventaja”.
Otra de las razones que añade María Calvo es que “el problema de los varones en los primeros años de aprendizaje es que se ignora su ritmo cognitivo y, si el niño no avanza lo deseable, se le tilda de vago y torpe. Ante esta incomprensión, los niños se frustran y deciden que estudiar es cosa de niñas”.

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